domingo, septiembre 18, 2016

Haley-Escuain y el naufragio de las aparentes "aparentes contradicciones"

"El naufragio", Joseph Mallord William Turner 
Cuando en abril de 2011 publiqué el “Desafío a la inerrancia de la Biblia”, yo lo veía como un problema muy difícil, pero no sabía que fuera un problema virtualmente irresoluble. En Agosto de ese mismo año contacté a Hector Avalos, PhD en estudios teológicos, quien me indicó que el argumento que yo había “descubierto” por mi cuenta en realidad era muy “conocido” por los teólogos profesionales, habiendo sido planteado por primera vez por Hermann Samuel Reimarus (1694-1768), y publicado por Lessing en 1777, hace ¡casi 240 años atrás! Y sin embargo, Hector Avalos planteaba que él no conocía ninguna respuesta satisfactoria a ese problema.

En el artículo original del "Desafío" yo analicé una supuesta respuesta del artículo de Eric Lyons “¿A Galilea o Jerusalén?” (Apologetic Press), mostrando por qué en realidad tal “respuesta” no soluciona el dilema.

Recientemente en un comentario hecho por Pedro, un visitante del blog, dejó un comentario donde me apuntó a otra fuente donde “se encuentra aproximadamente [una respuesta al problema que] has estado tratando, aunque fuertemente distorsionada en su planteamiento y peor respondida”.

Pero no basta simplemente con afirmar que una respuesta es mala y así sin más desecharla. Mi búsqueda es por la verdad y, para lograr tal cometido, cada afirmación, a favor o en contra, tiene que ser honestamente examinada.

Así que, revisé lo que dice tal fuente reportada por Pedro, que a su vez declara tomar las respuestas de un libro: "Diccionario de dificultades y aparentes contradicciones bíblicas", de John Haley y Santiago Escuain. En este post se verá como tales respuestas (en la web y en el libro) no solo no resuelven los problemas de las contradicciones expuestas, sino como la metodología de Haley (y simplemente "traducida" por Escuain) es lógicamente falaz e inválida, al punto de ingenuamente demostrarlo en su propio texto como parte de la explicación de su metodología.

101 contradicciones

Pedro apunta a que la contradicción del "Desafío" aparece mencionada en listados de “101 contradicciones”, texto que está profusamente replicado en Internet, como en este sitio musulmán “101 contradicciones bíblicas” donde, en inglés, las contradicciones #88 y #89, traducidas por mí, indican:
88. ¿Cuál fue la instrucción de Jesús a sus discípulos? 
• Digan a mis hermanos que vayan a Galilea, y allá ellos me verán (Mateo 28:10). 
• Anda donde mis hermanos y diles, estoy ascendiendo al Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios (Juan 20:17). 
89. ¿Cuándo retornaron los discípulos a Galilea? 
• Inmediatamente, porque cuando ellos vieron a Jesús en Galilea algunos dudaron (Mateo 28:17). Este periodo de incerteza no debe persistir. 
• Después de al menos 40 día. Esa tarde [del día de resurrección] los discípulos estaban aún en Jerusalén (Lucas 24:33). Jesús apareció ante ellos y les dijo, quédense en la ciudad hasta que sean investidos con el poder de lo alto (Lucas 24:49). El apareció a ellos durante 40 días (Hechos 1:3), y les encargó no dejar Jerusalén, pero esperar por la promesa… (Hechos 1:4).
Sin duda que el núcleo de la contradicción se encuentra ahí, a la vista, pero el texto no es un análisis profundo de ella, ni se hace un mayor hincapié en ella por la gravedad del problema, en especial dado que esa contradicción mina la veracidad de los relatos de la resurrección de Jesús, un punto clave en todo el castillo de la teología cristiana.

Ahora, una respuesta a esos puntos de las 101 contradicciones, descubierta por Pedro, se encuentra en el blog “Artículos de Apologética Católica”, en el artículo de 2014 «Respuestas a las “101 contradicciones bíblicas”», por un autor bajo el username/seudónimo "Firme en la Verdad".

¿Sin contradicciones?

En muchos casos, los culpables de dichas aparentes contradicciones son los copistas, no los Sagrados Escritores. Por eso, la verdad sigue igual: La Sagrada Biblia no se contradice.

Nota de introducción: Todas las respuestas han sido extraídas del "Diccionario de dificultades y aparentes contradicciones biblicas" escrito por John W. Haley, y Santiago Escuain. Editorial Clie. España. Año: 1988.
Entonces, según el autor del blog, es claro que cualquier “aparente contradicción” es, en muchos casos, culpa de algún copista; o dicho de otra forma, la fuente original (autógrafos) de dichos textos, proveniente de un “sagrado escritor”, seguramente debía carecer de tal contradicción.

Pero veamos como los autores del Haley y Escuain, fuente de las respuestas, proponen resolver dichos problemas #88 y #89.

Para la contradicción #89 el blog publica (mayúsculas en el original):
RESPUESTA: ENTRE LAS MUCHAS INSTRUCCIONES QUE DIO EL MESÍAS, LA DE JUAN 20:17 CORRESPONDE A LA ORDEN DADA ESPECÍFICAMENTE A MARÍA MAGDALENA. Y LA DE MATEO 28:10 CORRESPONDE ESPECÍFICAMENTE A LA DADA A LAS OTRAS MUJERES.
Umh, ¿ok? Sí, efectivamente, en Mateo 28:10 (RVR1960) leemos:
[Mateo 28:10] Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.
¿A quién le está hablando Jesús ahí? Bueno, el principio básico de la hermenéutica es… leer cualquier versículo en su contexto, y por lo tanto si leemos el capítulo 28 de Mateo desde el principio, vemos que dice (énfasis añadidos):
[Mateo 28:1] Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. [28:2] Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. [28:3] Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. [28:4] Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. [28:5] Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. [28:6] No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. [28:7] E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. [28:8] Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, [28:9] he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. [28:10] Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.
Entonces, resulta que “las mujeres” son… María Magdalena y la “otra María”, así que la afirmación de la respuesta apologética de que Mateo 28:10 es algo dicho a "otras mujeres" y no a María Magdalena es, simplemente, equivocada. Así que esa parte de supuesta respuesta a la contradicción es directamente una lectura equivocada de la Biblia (!?).

Veamos ahora la segunda cita bíblica mencionada en la contradicción #88, Juan 20:17, y veamos nuevamente algo de contexto “alrededor” del texto apuntado
[Juan 20:17] Jesús le dijo [a María Magdalena]: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. [20:18] Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas. [20:19] Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros [...].
En el evangelio de Juan vemos que Jesús omite decir a María Magdalena el importante mensaje de ir urgentemente a Galilea, y simplemente se les aparece ese mismo día (domingo) en Jerusalén. Y esa es la contradicción que la respuesta de "Apologética Católica" no hace siquiera el intento de resolver.

Por lo tanto ¿hay contradicción respecto de a quiénes se les dice las cosas? No. ¿Hay contradicción de lo que dice y luego ‘hace’ Jesús? Absolutamente sí.

Luego, la respuesta del sitio web a la contradicción #88 es, como apuntaba Pedro, una no-respuesta.

Respecto a la segunda contradicción en discusión, la contradicción #89, que trata directamente del problema "Galilea-vs-Jerusalén", la respuesta es (todo mayúscula en el original):
RESPUESTA: MATEO NO NIEGA LA APARICIÓN EN JERUSALEM, SIMPLEMENTE PASA EN SILENCIO LAS ANTERIORES APARICIONES DE NUESTRO SEÑOR, Y SE DETIENE EN LA DE GALILEA COMO DE GRAN IMPORTANCIA PARA EL DESIGNIO DIVINO DE SU EVANGELIO. FUE ENTONCES QUE EL SALVADOR RESUCITADO FUE VISTO "POR MÁS DE 500 HERMANOS A LA VEZ" (1 CORINTIOS 15:6). ESTA MANIFESTACIÓN PARECE HABER SIDO EL ÚLTIMO ACTO DEL SEÑOR EN GALILEA, SU ENTREVISTA FINAL CON LOS DISCÍPULOS EN AQUELLA REGIÓN.EN LA ASCENCIÓN, EL MESÍAS LES ORDENÓ QUE VOLVIERAN A JERUSALEM Y ESPERARAN ALLÍ HASTA QUE LLEGARA LA PROMESA DEL PADRE.
¿Resuelve eso la contradicción? Para nada.

La respuesta es correcta en un aspecto: Mateo no niega la aparición en Jerusalén. De hecho, Mateo no menciona para nada ninguna otra aparición excepto la de Galilea, cosa rara si es que quien lo escribió era el apóstol Mateo, que hubiera sido testigo de todas las apariciones, tanto en Galilea como en Jerusalén.

Pero el problema es que en el versículo de Lucas referenciado en el texto de las 101 contracciones es explícito respecto de que Jesús ordenó a los discípulos quedarse en Jerusalén el mismo día de su resurrección, lo que contradice al Jesús de Mateo enviando ese mismo día el recado a sus discípulos de que vayan a Galilea para ver a los discípulos allá, además de ser algo totalmente innecesario si Jesús pensaba realmente planeaba aparecerse en el aposento alto esa misma tarde de domingo, como explica Reimarus.

Si los dichos contradictorios del propio Jesús no existieran, y los relatos de diferentes evangelistas se hubieran limitado a mencionar diferentes apariciones en diferentes lugares y momentos, la respuesta sería satisfactoria y razonable, pero ese no es el caso. Ciertamente no es una obligación que diferentes autores tengan que relatar exactamente los mismos hechos. Pero cuando dos autores relatan un mismo hecho (los dichos y acciones de Jesús resucitando y diciendo algo a los discípulos el domingo de resurrección) que resulta contradictorio entre diferentes autores (el mismo personaje, Jesús, dando órdenes contradictorias y contradiciendo sus propias instrucciones en diferentes evangelios), el hacer notar que un evangelista menciona cosas que el otro omite no es una respuesta ni solución a una contradicción respecto de las cosas que sí se afirman explícitamente en ambos textos.

En resumen, las respuestas mostradas en el sitio web de Apologética Católica a las contradicciones #88 y #89 no las resuelven en lo absoluto, ni siquiera en la forma limitada de tales contradicciones del texto web de las “101 contradicciones”. Hasta ahí, nada más que decir.

Pero si estas respuestas provienen de un libro escrito por apologistas profesionales, un libro de expertos ¿cómo pueden ser tan malas esas respuestas?

Las no tan “aparentes” contradicciones bíblicas.

John William Haley (1834-1927) publicó en 1874 el libro “An Examination of the Alleged Discrepanciesof the Bible” (disponible on-line como obra de dominio público por la Universidad de Michigan), casualmente, 100 años después de que los fragmentos de Reimarus fuera publicados por primera vez.

Poco más de 100 años después el autor Santiago Escuain, “ingeniero en procesos químicos, coordinador del sitio web SEDIN y autor de libros religiosos”, realizó una revisión y traducción al español de dicha obra y la publicó en 1988 bajo el título “Diccionario de dificultades y aparentes contradicciones bíblicas”, libro que es parte de mi biblioteca, pues lo encontré en una librería cristiana en la época en que estaba intentando “resolver” tales contradicciones. Yo cuento con la edición en tapa dura de editorial CLIE de 1988. Así que yo puedo examinar si las respuestas publicadas en dicho blog realmente se apegan a lo explicado en dicho libro, y por lo tanto las páginas aludidas en el análisis abajo las hago libro en mano. Pero el lector que quiera examinar mis dichos y citas por si mismo puede usar esta versión en PDF online disponible en la red.

Ahora, ¿son las respuestas del libro exactamente las mismas respuestas que la del sitio web? No exactamente.

De partida, la respuesta #88 parece ser un invento del autor del blog, pues el en libro de Haley-Escuain no aparece mencionada una contradicción para esa combinación exacta de versículos aludidos, y por lo tanto tampoco hay una respuesta explícita a ellos. De hecho en el “Indice de citas bíblicas” al final del libro, y disponible en la web del autor, el versículo Juan 20:17 no aparece listado como parte de contradicción alguna. En cambio, Mateo 28:10 sí aparece, pero las respuestas dadas para tal versículo de Mateo no es la del sitio web.

Sin embargo sí  aparece parte de la respuesta dada en el sitio web para la contradicción #89. Así que bien vale la pena examinarla en forma independiente.

En la página 449, en el capítulo “Discrepancias históricas – acerca de lugares” encontramos:
“Los discípulos fueron a Galilea” (Mt. 28:10-16) 
“Se quedaron en Jerusalén” (Lc. 24:49) 
El mandato de «quedaos en la ciudad» no fue dado necesariamente el mismo día en que el Señor apareció a los discípulos en el aposento alto. Parece haber sido dado inmediatamente antes de la Ascensión. Esta es la postura de Alford, y la que parece más congruente con la continuidad entre los versículos 49 y 53 de Lucas 24.
Noten las palabras en la respuesta: “no necesariamente”, “parece haber sido”, “parece más congruente”. ¿Cómo esa cantidad de condicionales pueden realmente demostrar algo? En principio se ve que Haley-Escuain simplemente especulan lo que podría resolver el problema, que no es lo mismo que realmente resolver la contradicción.

Primero que nada, Haley-Escuain no aportan evidencia alguna que realmente apoye la respuesta que postulan, por lo que todos sus "parece" son sólo meras suposiciones.

Y lo segundo más importante: Haley ignora en su respuesta el hecho que en los evangelios Jesús es citado diciendo explícitamente, en su primera aparición a las mujeres recién resucitado, que los discípulos deben ir a Galilea para verle allá (Mateo y Marcos), y por lo tanto Haley no se hace cargo del hecho que Jesús apareciera en Jerusalén esa misma tarde (Lucas y Juan), contradiciendo sus propias instrucciones y palabras. Para tal problema no hay respuesta alguna.

Por lo tanto, la contradicción en cuestión no es únicamente de cuando se instruye el quedarse en Jerusalén ni de cuál aparición es la primera ante discípulos; el problema es el propio Jesús contradiciéndose  a sí mismo de acuerdo a los testimonios de los evangelistas. 

Cuando se toma eso en cuenta, añadir que Jesús además ordenara “quedarse en Jerusalén” cuando aparece en el aposento alto no solo no soluciona la contradicción ya patente, sino que solo la profundiza. Si Jesús ordenó a los discípulos ir a Galilea para verle, el solo hecho de aparecer en Jerusalén ese mismo día ya contradice sus propios dichos. Por lo que decir que la orden de quedarse en Jerusalén fue más tardía no resuelve lo primero: Jesús contradiciendo sus propias palabras y órdenes al aparecer ese mismo día en Jerusalén.

Ahora, ¿de dónde sacó entonces el autor del blog la respuesta que publicó, que no corresponde al texto de la respuesta mostrada en el libro? La respuesta en realidad viene de la página 447, donde sí encontramos parte de la respuesta citada en el sitio web. Noten cuál es la contradicción que intentan resolver:
“La primera reaparición de Cristo, en Galilea” (Mt. 28:16,17) 
“En Jerusalén” (Lc. 24:33, 36; Jn. 20:19). 
Mateo no niega, sino que simplemente pasa en silencio, las anteriores apariciones de nuestro señor, y se detiene en la de Galilea como de gran importancia para el designio de su Evangelio. Fue probablemente entonces que el Salvador resucitado fue visto «por más de 500 hermanos a la vez» (1 Co. 15:6). Esta manifestación parece haber sido el último gran acto del Señor en Galilea, su entrevista final con sus discípulos en aquella región.
Vemos que Haley-Escuain intentan "resolver" el problema de donde ocurre la primera aparición, problema que en realidad no es un problema en sí mismo, como ya fue explicado antes.

Por lo tanto, vemos que Haley-Escuain no atacan en profundidad, ni menos resuelven, la contradicción que tanto el “Desafío a la inerrancia de la Biblia” como la contradicción #8 de Reimarus plantean. Entonces cabe preguntarse ¿Cómo tan malas respuestas se muestran como una solución satisfactoria, si se basan en condicionales sin demostración alguna?

Racionalización: el poder de creer lo que sea.

Para entender por qué Haley-Escuain plantean tal tipo de respuestas, y por qué piensan que sus respuestas son satisfactorias para todas y cada una de la “discrepancias” que ellos intentan resolver en su libro, es necesario leer la metodología que el libro plantea para resolverlas.

Primero, en el prefacio del libro, escrito por Santiago Escuain, se explica (pp. 7) que la obra original de Haley de 1874 “ha sido extensamente revisada en muchos de sus aspectos” pero que al mismo tiempo “buena parte de la obra preserva el contenido original de Haley”.

Respecto de su contenido, Escuain indica que (pp. 8, énfasis añadidos):
“No infrecuentemente se dan varias posibles soluciones a una dificultad, donde el lector puede elegir por sí mismo la que parezca más adecuada. Naturalmente, no se presentan todas las soluciones que se han propuesto como posibles, sino aquellas que parecen más razonables
Es decir, las respuestas ofrecidas no buscan demostrar que una respuesta en particular realmente resuelva la contradicción planteada, sino que a Haley-Escuain les basta que más de una alternativa sea una “posible solución” para darse por satisfechos, donde luego cada lector puede elegir aceptarla como cierta y correcta… porque sí.

No deja de ser curioso el darse cuenta de que si más de una solución o respuesta se ofrece para una única contradicción, pero una, y solo una, de tales respuesta fuera la correcta, aún si la respuesta estuviera entre las posibilidades ofrecidas ¿cómo puede un lector discernir entre esa y todas las demás alternativas que son por lo tanto equivocadas, erradas y falsas? ¿Cómo diferencia la respuesta correcta de las falsas y erradas? No esperen encontrar la respuesta a eso por parte de Haley-Escuain.

Luego, la Parte I del libro, “Discrepancias de la Biblia”, aborda en 3 capítulos el “origen”, “propósito” y “resultado” de tales discrepancias.

En la página 13 se afirma que:
“Es el objeto de este volumen [… el examinar] con cierto detalle las discrepancias de las escrituras, y sugerir, en tales casos, soluciones justas y razonables”.
Respecto de la naturaleza de estas discrepancias, en el original Haley (pp. 2 y 3) (en la traducción de Haley-Escuain, pp. 14, 15) se reconoce su importancia, dado que (énfasis añadidos):
“[…] no puede sorprender a nadie el encontrar a autores escépticos extendiéndose acerca de las «inconsecuencias manifiestas», «contradicciones internas» y «discrepancias claras» de la Biblia, presentándolas incesantemente como tantas pruebas de lo indigna de confianza que es, y de su origen meramente humano. Las páginas de los racionalistas alemanes y de sus discípulos ingleses y americanos presentan abundantes ejemplos de esta clase. 
No es necesario decir mucho acerca de la importancia de este tema. Es evidente que tiene una relación vital y estrecha con la doctrina de la inspiración. Dios, que es sabio y veraz, no puede ni mentir ni contradecirse a sí mismo. Así, si pudiera descubrirse que existen en la Biblia o falsedades o verdaderas contradicciones, nuestra conclusión debiera ser, en todo caso, que tales cosas no provienen de Dios; y que hasta tal punto la Biblia no está divinamente inspirada. Veamos, así, la necesidad de un paciente y sereno examen de las pretendidas falsedades y contradicciones, a fin de que la formulación de la doctrina de la inspiración se ajuste a los hechos.”
Ese par de párrafos ofrece una increíble concesión por parte de Haley: si de verdad hubiera contradicciones en la Biblia, y no fueran solo aparentes, la conclusión inevitable es que la Biblia carece de inspiración.

Pero por supuesto, todo creyente que se precie de tal no puede aceptar tal cosa, por lo que no puede sino partir desde el punto de vista (preconcebido) que tal cosa no puede ser cierta, y por lo tanto cualquier falsedad y contradicción no puede ser sino “pretendida”, y hay que formular respuestas para que la “inspiración se ajuste a los hechos”. Es decir, explicar cualquier problema a toda costa.

Luego, en los tres primeros capítulos de Haley-Escuain se enumeran y explican todo tipo de razones por las cuales el texto bíblico puede “aparentemente” tener problemas: debido a diferencias de fechas, de autor, de perspectiva, diferentes métodos de cálculo, peculiaridades culturales, errores (de copistas) en los manuscritos, pero una no menos importante (pp. 32):
“Una multitud de pretendidas discrepancias son productos de la imaginación del crítico, influenciado en mayor o menor grado por su prejuicio dogmático”.
O sea, cuando un crítico "imagina" un problema a partir del texto bíblico lo hace influenciado por prejuicios dogmáticos, lo cual es malo, muy malo. Al mismo tiempo, para Haley, que el creyente "imagine" una respuesta influenciado por un propios prejuicios dogmáticos no es un problema, sino una virtud; ¡Oh, la ironía!

Pero ¿Cuál es el pecado de tales dogmáticos críticos? (pp. 33)
“Ciertos autores racionalistas tienen un cómodo método para ignorar las respuestas a las objeciones que ellos aducen. Comienzan en el acto a hablar con grandezas de la «alta crítica», y a ridiculizar las respuestas y soluciones como «suposiciones gratuitas»”.
Oh, horror: de partida se hace un argumento de tipo “Ad Hominen” (“estimado lector, la alta crítica es basura, tome nota”), y luego se acusa a los detractores de ridiculizar las soluciones propuestas por los eruditos creyentes como “suposiciones gratuitas”. Pero ¿lo son? Tal posibilidad ni siquiera es explorada ni justificada su contrario.

Y, es un hecho que cuando alguien plantea cualquier tipo de respuesta como explicación a algo, pero ofrece cero evidencia que respalde la veracidad de tal explicación, tal respuesta no es sino una "suposición gratuita", y no puede dejar de serlo hasta que quien propone tal respuesta cumpla con la carga de prueba de demostrar su veracidad. Pero ya veremos como Haley maneja tal concepto.

Sigamos examinando el método de Haley-Escuain. En la página 36 aprendemos que:
“Un examen minucioso y extenso de numerosos autores [críticos], que asaltan la Biblia desde varias posiciones y variadas pretensiones justifica la observación, que ni es ni injusta ni poco caritativa, de que una gran parte de sus pretendidas «discrepancias» son puramente subjetivas, originándose, primariamente, no en los libros sagrados, si no en los desviados prejuicios y en la desordenada imaginación del crítico.
No se puede plantear una falacia Ad Hominem de forma más clara. No es que las discrepancias vengan del texto. No señor: si Ud. es crítico respecto del texto bíblico, sus pretendidas discrepancias no pueden sino venir de sus desviados prejuicios y malvada imaginación ¿cómo se atreve?

Pero en el capítulo 2 comienza el camino a la racionalización explicita. En la página 37 aprendemos que:
“¿Por qué se permitió la existencia de discrepancias? ¿Qué buen fin contemplan?1. Indudablemente había la intención de que sirvieran como estímulo para el intelecto humano, como provocación al esfuerzo mental.”
O sea, todas las “pretendidas discrepancias” están ahí por con un propósito y con una buena intención. Quién lo hubiera dicho.

Es más, en el punto 5 (pp. 44) aprendemos que:
“Las discrepancias bíblicas fueron evidentemente designadas como una prueba de carácter moral; y probablemente, para servir a un importante propósito judicial. Pueden ser consideradas como constitutivas de un elemento no insignificante de los medios y condiciones de la probación del hombre.
Es decir, para Haley si Ud. es un creyente y enfrenta dudas por una (supuestamente aparente) contradicción en la Biblia, en realidad Ud. está siendo puesto a prueba en su calidad su moral y, si falla, será “judicialmente” considerado culpable. Así que, si esos prejuiciosos críticos con sus imaginarias contradicciones llegan a hacer mella en su fe con lo que aparenta ser buenas razones que demuestran una contradicción bíblica, el darle crédito a tal idea es inmoral, y Ud. está fallando la prueba, pues esa discrepancia fue, literalmente, diseñada para poner su fe a prueba. Vaya manera de tratar al quien duda: ¡amenazándolo si es que se atreve a considerar que un argumento en contra es correcto!

Por lo tanto, afirma Haley-Escuain al comienzo del capítulo 3 (pp. 47) la conclusión inevitable desde su punto de vista:
“¿Cuál es el efecto de las discrepancias, en relación con la integridad del texto, y de la influencia moral de la Biblia? 
Ni trastornan el texto ni dañan de manera esencial su integridad. No llegan a corromperlo en ningún grado apreciable. La conclusión a la que han llegado eminentes eruditos y críticos, después de una dilatada y exhaustiva investigación, es que el texto sagrado nos ha sido transmitido virtualmente integro.”
Por, lo tanto, aquí el creyente genuino puede simplemente respirar tranquilo. ¿Hay aparentes discrepancias? Sí, pero todo sigue igual y perfecto, pues (argumento Ad Verecundiam) los expertos creyentes así lo afirman. Q.E.D.

Pero no es que esos expertos hayan visto evidencia y, ahora Haley-Escuain  presenten esas razones de peso al lector para justificar tal conclusión de los expertos. Veamos a qué tipo de evidencia echa mano Haley-Escuain de parte de dichos expertos. En la misma página 47 encontramos un ejemplo:
“[Dice el] Obispo Butler: «Puede haber errores de los transcriptores; pueden aparecer otros errores reales o aparentes, que no sean fáciles de explicar; pero desde luego no hay más de este tipo en las Escrituras que los que hubieran sido de esperar en libros de tal antigüedad; y nada en lo absoluto suficiente para desacreditar la narración en general».”
Es decir: el maestro ha hablado (Magister Dixit); ergo, no hay problema, estimado creyente. Siga creyendo con tranquilidad. Todo está bajo control…

Y así con las opiniones de toda una serie de expertos citados.

Entonces ¿qué podemos pensar de las respuestas de Haley-Escuain? ¿Son ellas verdaderas respuestas que cuidadosamente demuestran la falsedad y error de todas esas “aparentes contradicciones”? ¿O tal vez tienen algo de razón esos inmorales, prejuiciosos, dogmáticos y desviados críticos que ignoran las respuestas al tratarlas como “suposiciones gratuitas”?

La clave la encontramos en el propio texto original de Haley, afirmaciones que se encuentran en el original y que sólo fueron traducidas por Escuain. Después de haber explorado por casi 60 páginas el porque todos esos problemas que Ud. puede encontrar en la Biblia son solo “supuestos”, Haley hace una concesión (¿inconsciente, tal vez?) tan sincera de cuál es el método de sus respuestas, que llega a ser pasmante. En la página 57 y 58 finalmente encontramos (énfasis añadidos):
“Al considerar las soluciones que se proponen en las páginas que siguen, se debería mantener en mente el sentido legítimo de una hipótesis. Si una cierta hipótesis cumple con las exigencias de un caso determinado, entonces hasta que no pueda ser demostrada falsa o absurda, su valor lógico [verdadero] debe echar a un lado todas y cada una de las objeciones, y afirmar una fuerte presunción a su favor. Por ejemplo, se dirá: «Aquí hay un caso en el que la Biblia se contradice». Nosotros replicamos: «Aquí hay una hipótesis que sirve para explicar y reconciliar la discrepancia».  Ahora bien, a no ser que nuestra hipótesis pueda ser demostrada falsa o irracional, se mantiene, y la objeción queda definitivamente contestada. En tales casos, la carga de prueba reposa sobre el objetor
Las soluciones propuestas en las siguientes páginas son hipotéticas, aunque, en la mayor parte de los casos, la probabilidad llega a una certeza casi absoluta. Al ofrecer estas soluciones, ni afirmamos ni pretendemos demostrar que sean las únicas soluciones, ni las verdadera; simplemente afirmamos que se trata de explicaciones razonables respectivamente para cada caso, y, por todo lo que se pueda decir en sentido contrario, pudieran ser las verdaderas explicaciones. Por ello, en base a los principios de la lógica y el sentido común, contrarrestan y neutralizan las discrepancias que se aducen, y dejan incólumes la unidad, la integridad y la autoridad divina del sagrado volumen.”
Creo que cualquier lector que haya llegado a este punto de la lectura, debe leer de nuevo esos dos párrafos. No, mejor, hágalo tres veces.

Porque lo que Haley-Escuain presentan como basados en “los principios de la lógica y el sentido común” se trata ni más ni menos que la falacia lógica del argumento Ad Ignorantiam, la apelación a la ignorancia: “Afirmo X (solución hipotética a una contradicción); nadie ha demostrado que X sea falsa, por lo tanto, X es (necesariamente) verdadera”.

Y de pasada, Haley-Escuain invierten la carga de prueba (algo también falaz) al indicar sin ninguna vergüenza que no son ellos quienes deben demostrar la veracidad de sus hipótesis, sino que es trabajo del crítico demostrar la falsedad de la explicación, y que hasta que tal cosa ocurra, su hipótesis debe ser aceptada como cierta por fíat, porque sí...

Todo lo anterior, es directamente contrario a la lógica, el pensamiento crítico, y a la razón, a pesar de que Haley apele a tales herramientas como "justificación".

Estos dos párrafos por sí solos invalidan todas las respuestas que se ofrecen a partir de ahí en las siguientes 500 páginas de la Parte II del libro. Bajo esa metodología, las respuestas por defecto están basadas en argumentos Ad Ignorantiam, inversión de la carga de prueba, y otras falacias varias.

Si un lector no logra ver cuál es el problema en ese tipo de razonamiento, el punto es el siguiente: si uno acepta de antemano cierta conclusión como absolutamente verdadera, y luego cuando aparece cualquier posible evidencia que contradice tal conclusión, se elige como estándar de evidencia para rechazar esa evidencia únicamente idear cualquier "hipótesis" como posible respuesta que "resuelva" tal contradicción, sin aportar evidencia alguna que demuestre la veracidad de la hipótesis planteada, entonces tal solución no puede sino ser una 'afirmación gratuita'. Y si además deja a los detractores el "refutar" esa respuesta imaginaria, declarando la verdad segura de esta solución "hipotética" hasta que alguien demuestre lo contrario, entonces es un hecho que uno puede "demostrar" la veracidad de cualquier cosa, sin importar cuán disparatada sea.

Por ejemplo, apelando a la ley de Godwin, para mostrar la invalidez de tal tipo de razonamiento, supongamos que asumimos como una verdad absoluta que ni más ni menos que Adolf Hitler es, ha sido y será la persona más humanitaria que jamás habrá.

Una creencia así no demoraría en ser desafiada con amplia evidencia que contradice tal afirmación, a decir, que Hitler inició una de las peores guerras mundiales, y que por órdenes suyas se llevó a cabo el holocausto judío, uno de los actos de xenofobia más deleznables del siglo XX y un largo etc.

Apliquemos el método Haley-Escuain para defender nuestra (hipotética) idea del gran benefactor que fue Hitler. No tendríamos más remedio que, dada la abrumadora evidencia que nos pondrían por delante, aceptar que "aparentemente" hay razones para desestimar nuestra creencia. Pero son solo aparentes. Dado que nosotros, de antemano y dogmáticamente, creemos que nuestra creencia es absolutamente cierta, cualquier explicación, por improbable que sea, sería infinitamente más probable que la falsedad de nuestra creencia. Por ello, podríamos imaginar la siguiente hipótesis para resolver el problema:
Si Hitler es el hombre más humanitario que jamás habrá en toda la historia de la humanidad, incluido todo el tiempo futuro, el que Hitler apareciera justo en el siglo XX permite pensar que, posiblemente, él haya sido un viajero en el tiempo que conocía el futuro y por lo tanto sabía qué ocurriría si es que no había una guerra mundial y si es que no había un holocausto judío. Es posible que de no ocurrir tales cosas, la historia de la humanidad pudiera haber sido nefastamente peor y más terrible para la humanidad toda de lo que realmente fue, por lo que la respuesta más humanitaria posible de alguien como Hitler para salvar a la humanidad no era sino actuar tal y como lo hizo, en pos de una razón humanitaria (ulterior) que no conocemos, pero no podemos sino suponer. Por lo tanto, toda esa evidencia solo aparenta mostrar que no era un buen ser humano, pero sería lo más razonable entonces que lo que hizo fue justamente lo más humanitario posible para la humanidad en su conjunto. Y por lo tanto, esto lo podemos aceptar con gran seguridad como cierto a menos que un detractor demuestre su falsedad.
¿Ve ahora el problema en la forma de razonamiento de Haley-Escuain? Si basta simplemente idear hipótesis para "resolver" un problema, y se abraza tal hipótesis como cierta con tal de salvar una creencia dogmática hasta nuevo aviso (ya que de ser refutada, basta con idear una nueva hipótesis no demostrada, pero tampoco refutada para volver a la seguridad de la "verdad" de tal creencia), entonces tal método coloca la creencia no solo a salvo, sino que más allá de cualquier refutación; tal creencia se torna de hecho infalsable, pues no hay evidencia posible que se pueda mostrar en su contra, pues siempre se podrá idear una explicación hipotética (o mejor dicho, racionalizar excusas en forma totalmente gratuita al no asumir la carga de prueba). y por ello el método de Haley es ajeno a los principios de la lógica. Por ende cualquier creencia en tal "verdad" defendida con el método propuesto por Haley se torna en una idea irracional: una idea que está más allá de la razón, no está justificada por la razón, e incluso es inmune a la razón.

Conclusión

Como es el caso que yo, como objetor, ya demostré antes que las respuestas a los problemas #88 y #89 de las “101 contradicciones” fallan en ser respondidas por Haley-Escuain, es un hecho que ellos fallan miserablemente en resolver la contradicción Galilea-Jerusalén descubierta por Reimarus 100 años antes de la publicación de Haley, y re-descubierta en 2011 por mí.

Pero en algo no puedo sino estar sino totalmente de acuerdo con Haley-Escuain: si hubiera una contradicción real (y no aparente) en la Biblia, tal contradicción simplemente no permite otra conclusión que la falta de inspiración y autoría divina de dicho texto. Y la contradicción sigue sigue en pie, sin respuesta posible, lo que no deja otra conclusión posible. Es inevitable bajo la propia lógica de Haley-Escuain (pp. 14, 15).

No hay acusación de inmoralidad, desviación, prejuicio o dogmatismo del supuesto crítico, todos ellos argumentos falaces, que puedan evitar que un lector intelectualmente honesto pueda ver la profundidad de la contradicción expuesta, y de como fallan los apologistas que, por cientos de años, no han podido responderla satisfactoriamente.

Por lo tanto la contradicción del desafío demuestra que la resurrección, así como es relatada en los evangelios, no pudo ocurrir tal como es relatada, pues uno o más de tales relatos no puede sino ser falso. Y dado que la única evidencia que tenemos de Jesús, su ministerio y, en especial, de su resurrección, son justamente los testimonios de los evangelios, no queda otra posibilidad que concluir que la Biblia como tal no es una base suficiente para creer que que lo que dice, respecto de Jesús, es efectivamente cierto.

domingo, septiembre 11, 2016

La resurrección de Jesús: el desafío imposible de superar

Hermann Samuel Reimarus
Hace más de 5 años atrás, en abril de 2011, publiqué el “Desafío a la inerrancia bíblica”. Tal desafío fue la culminación de mucho tiempo de leer, investigar el origen de la biblia tal como la conocemos, conocer el origen (y la ausencia) de los autógrafos, aprender de crítica textual y las fuentes documentales conocidas, aprender (rudimentariamente) griego koine, y un largo etc.

Digo que fue una culminación, porque cuando me dí cuenta del problema que plantea el desafío, fue algo que se me “ocurrió” originalmente a mí, y no lo había leído en ninguna otra fuente, y al investigar en la red, no encontré un análisis más profundo de ese problema expuesto. La contradicción es “conocida”, y es listada en muchas partes como ‘una’ contradicción más, pero en pocas o ninguna parte se le analiza en detalle.

Así que una vez escrito el desafío y publicado, pasaron varias cosas. Primero, varias personas intentaron tomar el desafío, pero ninguno ha sido capaz de dar una respuesta realmente satisfactoria (pueden verlo en los comentarios del post).

Segundo, planteé este desafío personalmente a Testigos de Jehová que solían pasar por mi hogar. Después de conversar con ellos, plantearles el desafío, citarlos a esperar su respuesta y conversar con ellos por varias semanas seguidas (e incluso a conversar con un “anciano” o algún tipo de TJ de mayor rango y conocimiento que vino con el primer TJ que conversé), no pudieron hacer mella en el problema, y después de que yo insistiera en que resolvieran el problema, resultó que los TJ dejaron de pasar para siempre (hasta ahora) por mi hogar. Desde hace 5 años que simplemente esquivan pasar por aquí. Graciosamente se podría decir que hasta los extraño; así que, pueden tomar nota de que si quieren que no pasen más los TJ por su casa, lean y aprendan el desafío, e insistan en que ellos lo respondan. Voilà, quedarán inoculados de ellos por años.

Pero lo tercero y más importante, y que motiva este post, es lo que aprendí a partir del desafío. Si bien nadie lo había (y lo ha) respondido satisfactoriamente, me cuestionaba si es que hay alguna respuesta a él. Bien podría haberla. Y me llamaba la atención cuán poco se discute de este problema en Internet, donde hay todo tipo de debates por temas incluso más nimios. ¿Sería que el supuesto desafío era un sinsentido? ¿O algo ya resuelto?

Así lo apuntaba Pedro, un visitante del post que dejó un comentario donde apuntaba que:

“Luego de releer tu artículo, [yo] quedo con la impresión de que es un análisis serio y meticuloso y que sus argumentos son contundentes [...] No sé, sin embargo como te iría en el desafío enfrentado a tipos como William Lane Craig, Dinesh D'Souza y otros apologistas que pretenden tener respuestas para todo [...] Finalmente, la única crítica que le hago a tu artículo es que no hay indicación de referencias en que hayas basado tu tesis, o sea artículos que postulen en todo o parte tus mismos argumentos. No descargo que hayas podido llegar a esas conclusiones completamente solo y por ti mismo y si es así te felicito, pero no hay nada de malo en apoyarse en las investigaciones de otros, incluso si uno se limita a traducirlas o a exponerlas de manera más atractiva, sencilla u ordenada. Eso ya es un aporte.”
Efectivamente, en 2011 yo había llegado a esas conclusiones por mi mismo, así que no tenía ninguna referencia bibliográfica, y no conocía (ni conozco aun) ninguna respuesta de “grandes” apologistas porque ninguno de ellos aparentemente ha abordado este problema en profundidad.

Intentando llegar a una respuesta, lo lógico era poder consultar con alguien profesional, idealmente un experto. Y eso hice. Contacté a Hector Avalos, profesor de Estudios religiosos de la Universidad de Iowa. Hector Avalos es Doctor en Filosofía (PhD) en Hebreo Bíblico y estudios de Medio Oriente de la Universidad de Harvard, Máster en Estudios Teológicos de Harvard Divinity School y Bachiller en antropología de la Universidad de Arizona, y autor de numerosos libros de temas religiosos y apologética. Por lo tanto, cualquier cosa que él pudiera comentar sería muy valioso.

Y así fue. En agosto de 2011 escribí al Dr. Avalos:
“[...] Dado que Ud. es un erudito del tema bíblico, quería hacerle una consulta respecto de un problema que encuentro en los relatos del NT y la resurrección de Jesús. Después de leer mucho del tema, y leyendo varios de los libros de Bart D. Ehrman, llegué a un análisis que considero que demuestra que los relatos de la resurrección tienen una contradicción interna tal que no pueden ser ciertos. 
El texto del caso que presento lo escribí en mi blog personal. Sin embargo, este "argumento" es raro de encontrar, y no lo he visto discutido en casi ninguna parte, a excepción del artículo de Eric Lyons de Apologetic Press, que también analizo en el mismo artículo. 
Por ello le agradecería si pudiera examinar el análisis que hice, y le agradecería si pudiera contarme si Ud. ve algún fallo en los argumentos o en su lógica que lo hagan inválido. 
Y, en caso de que el análisis fuera válido, me asaltan estas dudas ¿Por qué este argumento no es discutido o usado en forma más frecuente? ¿Por qué no se utiliza como un contra-argumento de la validez de los evangelios respecto de la resurrección, por ejemplo para neutralizar la postura de [William L.] Craig?”
El Dr. Avalos me preguntó cuál era el argumento central “novedoso” de mi artículo. Mi respuesta fue:
“Respecto a mi análisis/argumento: no es que sea completamente nuevo; Ehrman explica en muchos de sus libros como los relatos de la resurrección son contradictorios unos con otros. Pero siempre queda espacio para decir que los relatos son "complementarios" como una manera de "resolver" esas contradicciones; Por ello considero que lo "novedoso" es analizar la contradicción de "Jesús aparecerá en Galilea" (Mateo 26:32; Marcos 14:28, Mateo 28:5-7, Marcos 16:5-8, Mateo 28:8-10 y Mateo 28:16-18) versus "Jesús aparece al tercer día en Jerusalén" (Lucas 24:36-40, Juan 20:19-21, Lucas 24:49) en detalle y llevar esa contradicción al extremo de su conclusión lógica:ambas versiones no pueden ser simultáneamente ciertas pues son excluyentes, y al menos una de las dos debe ser ser falsa.

Por ello, considero que estos pasajes de mi artículo sería el núcleo del argumento:

«¿Cómo es posible que el Jesús de Mateo diera expresas instrucciones a los discípulos de ir verle en Galilea, mientras que el Jesús de Lucas y Juan se planta en medio de ellos sorpresivamente el mismo día de su resurrección, en pleno Jerusalén y no en Galilea? [...] Un vistazo superficial muestra que hay una contradicción entre los evangelios de Mateo y Marcos, donde Jesús ordena a los discípulos viajen a Galilea para verle a él resucitado, en contra los evangelios de Lucas y Juan, donde Jesús nunca ordena un viaje a Galilea, pero en cambio se les aparece directamente en Jerusalén el mismo domingo de resurrección, y además en el evangelio de Lucas Jesús les ordena explícitamente que no se vayan de ahí [...] dado que los relatos de Marcos/Mateo versus Lucas/Juan se contradicen ¿Cómo se resuelve ese conflicto?»

Mi conclusión hasta ahora es que este conflicto o contradicción no tiene solución satisfactoria (i.e., que logre demostrar que ambos relatos pueden ser simultáneamente ciertos).

El análisis del artículo de Lyons es más bien un "apéndice" dado que toca el tema del debate "Galilea-Jerusalén", pero ese artículo no es la base de mi análisis ni toca en profundidad la contradicción que analizo. Sólo lo mencioné (y lo analicé) porque es lo único similar que he encontrado en la red respecto del tema.”
La respuesta del Dr. Ávalos fue sucinta pero contundente, y vale su peso en oro:
“La contradicción acerca del lugar donde los discípulos vieron a Jesús por primera vez después de su resurrección es bien conocido, y fecha por lo menos desde que se numeró la contradicción # 8 por Hermann Samuel Reimarus, el erudito que se dice ser el primero que investigó el Jesús "histórico" en la era moderna. Se puede encontrar en su libro Fragments (publicado por primera vez en 1774-78; editor Charles H. Talbert (Philadelphia: Fortress Press, 1970), p. 175. Desde entonces se ha mencionado por numerosos escritores, y yo lo considero como una contradicción sin resolución a pesar de lo que dice Lyons.”
Así que, don Pedro, ahí tiene una respuesta bibliográfica contundente :-)

Pero ¿cuál es el argumento número 8 de Hermann. S. Reimarus? Imposible saberlo por solo mencionarlo. Por lo tanto compré la edición de 1979 de Charles H. Talbert del libro, y pude ver que el análisis de la contradicción #8 y siguientes por parte de Reimarus son lejos más amplias y profundas que mi propio artículo.

El análisis de Reimarus es tan demoledor, que él nunca se atrevió a publicarlo en vida. Solo después de su muerte estos fragmentos del pensamiento fueron publicados, entre ¡1774 y 1778! Sí, leyó bien. Mil setecientos setenta y ocho. Por lo tanto el desafío, que yo honestamente, solo re-descubrí, tiene no solo 5 años, sino que casi 240 años, y hasta la fecha los expertos reconocen que no tiene solución.

¿Qué más se puede decir? Bueno, decir que un tal Reimarus llegó más o menos a la misma conclusión que yo hace más de 200 años no dice mucho per sé pues ambos podríamos estar equivocados. ¿Qué dijo él? ¿Cuál es su argumento?

El texto de Reimarus en cuestión no se encuentra (en inglés o español) en ninguna parte de la red que yo haya podido encontrar. Lo más cercano es el texto ofrecido por archive.org de Fragmentos, que corresponde a la edición de 1879 de Charles Voysey, que recomiendo sin lugar a dudas leer a todos los interesados, pero que para efectos del “Desafío”, en la página 31 salta desde la sección §9 a la §33, omitiendo todo el texto de en medio, en particular la contradicción #8 y su análisis que están en la sección §29 y siguientes.

Pero como yo sí cuento con la edición en papel de Fragmentos de Charles H. Talbert de 1979, que sí contiene las secciones de interés. Al leer a Reimarus, su análisis es delicioso por su honestidad, profundidad y claro razonamiento lógico. Tan delicioso, que desde que lo leí en 2011 quise poder compartirlo con todos en la red. Y por ello es que demoré tanto tiempo, años, en mencionarlo. Desde ese día ambicioné el traducir el texto de Reimarus, al menos su “Contradicción #8”, al español, y publicarla en mi blog. Pero esa es una tarea que requiere un tiempo y una dedicación que no había podido darle. Hasta ahora.

Hoy quiero compartir esta información que he atesorado estos años, y quienes sientan impaciencia por conocer de Reimarus, lean su libro, y puedan sentir, como él y como yo, el haberse acercado a una verdad tan elusiva.

Les dejo una traducción al español de la sección §29 de Fragmentos de Reimarus. Las secciones siguientes siguen el análisis, y espero en el futuro completar su traducción.

Y el Desafío a la Inerrancia Bíblica sigue en pie. Y puedo apostar que lo seguirá, imbatido, por otros 240 años, y más.


Hermann Samuel Reimarus.

Fragmentos.

Las intensiones de Jesús y sus enseñanzas, parte II

Las narrativas de la resurrección.

§29

La octava contradicción concierne al lugar en el cual Jesús apareció a los discípulos. En Mateo el ángel dice a las mujeres, “Digan a los discípulos que Él se ha levantado de entre los muertos, y mirad, él está yendo delante de ustedes a Galilea; ahí ustedes lo verán”. Jesús mismo repite esto mismo poco después, “Vayan y digan a mis hermanos que vayan a Galilea, y que ahí ellos me verán”. Acto seguido los once discípulos van a Galilea a la montaña a la cual Jesús les había ordenado ir, allí ellos lo ven; pero varios dudan. Lucas nos dice justo lo opuesto. Él nos dice que dos discípulos en el mismo día que María Magdalena se entera de la resurrección de Jesús, esto es, en el primer día de la resurrección, habían caminado hacia la pequeña villa de Emaús, una distancia que Grotius dice que toma un poco más de dos horas recorrer. Ahora, cuando Jesús se reúne con ellos en el camino y posteriormente se revela a ellos en la villa, ellos retornan a esa misma hora a Jerusalén y encuentran a los once reunidos junto con otros, les dicen que ellos han visto a Jesús en el camino y que lo reconocieron al partir el pan. Mientras ellos están diciendo esto Jesús se aparece en medio de ellos y dice, “La paz sea con ustedes”. Él les muestra sus manos y sus pies, está dispuesto a que lo toquen, y delante de sus ojos come pescado hervido, explicándoles a partir de las Escrituras que Cristo debe levantarse después de su pasión, los invita a ser testigos de su resurrección y a que permanezcan en Jerusalén hasta que reciban el poder de lo alto, esto es, el don del Espíritu Santo que había de ser derramado sobre ellos en Pentecostés cincuenta días después de pascua. Y en Hechos Lucas dice incluso en forma más explícita que Jesús les ordenó no dejar Jerusalén, sino esperar la promesa de su Padre ahí, esto es, el poder el Espíritu Santo que vendría sobre ellos (Hechos 1:4). Ahora, si Jesús de manera directa en el primer día de la resurrección ordena a todos los once discípulos mantenerse en Jerusalén hasta pentecostés y no irse, ¿cómo puede él haberles ordenado ir a Galilea durante el mismo periodo? ¿Cómo puede haber prometido que ellos lo verían allá, y como él puede realmente haberse mostrado a ellos en la montaña? Lucas mismo habría tenido que reconocer que ambas cosas no pueden haber ocurrido simultáneamente. Así que él no menciona ni una palabra de la aparición en Galilea y de las órdenes al respecto. En Lucas ni Jesús ni el ángel le dicen a María como lo hacen en los otros relatos,“Dile a mis hermanos que vayan a Galilea, y que allá me verán”. En vez de eso, Lucas hace que las palabras del ángel sean, “Recuerden como Jesús les habló a ustedes cuando él estaba aún en Galilea”. Mucho menos dice Lucas que los discípulos hayan efectivamente ido a Galilea y que Jesús se haya aparecido a ellos en la montaña o en la orilla del lago. En vez de eso, en su historia inmediatamente después de ordenarles permanecer en Jerusalén, Jesús lleva a los discípulos a Betania, los bendice ahí y asciende al cielo.

Ahora, así como Lucas no podría haberse contradicho a sí mismo tan patentemente en cuanto a que Jesús hubiera agregado a sus órdenes el permanecer en Jerusalén una cita de aparición en Galilea, los otros evangelistas que nos cuentan de las apariciones en Galilea siendo ordenadas por Jesús y ocurriendo allá, no pueden recordar ninguna orden de Jesús respecto de permanecer en Jerusalén. Mateo no menciona para nada ninguna aparición en Jerusalén, apenas aquella en la montaña en Galilea donde Jesús dijo a los discípulos reunirse, y donde Jesús en seguida les ordena, “Vayan y enseñen a todas las personas”. Para estar seguro, Marcos alega que Jesús se apareció a los discípulos en Jerusalén cuando ellos estaban sentados a la mesa, pero no que él les ordenara permanecer ahí; en vez de eso, él les dice, “Vayan a todo el mundo”. Y así en Juan, quien reporta en detalle la aparición en Galilea tanto como dos en Jerusalén, ninguna palabra puede encontrarse en el sentido de que Jesús supuestamente haya dicho desde el principio que ellos no debían abandonar Jerusalén. Porque ¿cómo podrían todas estas personas haber olvidado tan groseramente y luego puesto por escrito, uno después de otro, las cosas que luego anularían lo que había sido dicho justo antes? Con tanto cuidado como cualquiera de ellos puede haber sido respecto de eso, de no contradecirse a sí mismos, es incontestablemente claro que unos contradicen a los otros y los dejan como mentirosos. Si es cierto, como dice Lucas, que en el primer día de la resurrección apareció a sus discípulos en Jerusalén y les ordenó permanecer ahí y no marcharse hasta Pentecostés, entonces no es cierto que les haya ordenado durante el mismo periodo el viajar desde Jerusalén hasta la lejana Galilea para aparecérseles a ellos allá. Y por el contrario, uno no puede sino pensar que si esto es cierto, lo otro debe ser falso. Es la más obvia contradicción posible, especialmente en relación con el punto principal de la cual la validez de sus testimonios depende.

Porque si los testigos de la resurrección de Jesús debieran, por supuesto, testificar acerca de todo eso de que apareció ante ellos en Jerusalén y que esa aparición se suponía no podía ocurrir en ningún lugar fuera de Jerusalén, y otro testigo dice que la aparición ocurrió en Galilea como se suponía que tenía que ser, y si uno reporta que su maestro les ordenó no dejar Jerusalén entre pascua y pentecostés, y el otro dice que él les ordenó estar lejos de la ciudad en el mismo periodo, y si uno le sirve pescado hervido a puerta cerrada en Jerusalén, y el otro le sirve en el mar de Galilea, ellos están mutua y totalmente destruyendo la credibilidad de sus testimonios.

Pero , incluso si dejamos a un lado en el relato de Lucas la orden de Jesús de permanecer en Jerusalén, igual las dos apariciones en el relato no concuerdan (la aparición doble en Jerusalén y la tercera en Galilea), tal como al parecer Juan intenta hasta cierto punto hacer. Porque si todos los discípulos vieron a Jesús en Jerusalén en dos ocasiones, hablaron con él, lo tocaron y comieron con él ¿cómo puede ser que ellos hayan tenido que hacer el largo viaje hasta Galilea para verlo, y para qué propósito el ir y volver? Él les podría haber dicho en Jerusalén las mismas cosas que les dijo en Galilea, y verlo, tocarlo, escucharlo y servirle pescado hervido a Él en Galilea no podría haberlos convencido más que si lo hubieran hecho en Jerusalén, escuchándolo y tocándolo, y sirviéndole pescado hervido ahí También, al final Él se supone haber reunido a sus discípulos cerca de Jerusalén, en Betania o cerca del Monte de los Olivos, y haber ascendido a los cielos delante de sus ojos. Si entonces Él había aparecido previamente dos veces en Jerusalén y si ahora Él pretendía dejarlos cerca de Jerusalén, y si durante estas apariciones en Jerusalén Él les había convencido de su resurrección viéndolo y tocándolo, hablando y comiendo, con pruebas de las Escrituras, con muchos milagros delante de sus ojos, y finalmente lo más convincentemente con su ascensión ¿para qué era necesario para estos completamente convencidos discípulos llevar a cabo el largo viaje a Galilea entre las dos ocasiones a fin de verlo allá? ¿Tenía Jesús tal vez algo importante de que preocuparse allá que le impedía estar con ellos al mismo tiempo en Jerusalén? ¿O podía Él manifestarse mejor a ellos ahí que en Jerusalén y decirles otras cosas para convencerlos? Puede asumir lo que quiera, no hay motivos razonables para este viaje, si no es la intención anular el relato previo y las propiedades atribuidas a Jesús después de su resurrección.

§30

Pero respecto de la aparición en Galilea misma el evangelista que la relata comete múltiples contradicciones. [...]»

 ... continuará :-)

miércoles, marzo 02, 2016

Pecado, culpa, manipulación...

La culpa: ¿un primer paso a la manipulación?


Mi pensamiento del día:
"Suponer que «todos somos pecadores» por romper las leyes, reglas y preferencias de un dios que nunca se ha demostrado que exista es similar a asumir que «todos somos delincuentes» por violar una ley que nadie puede demostrar que exista ni que se haya promulgado; aceptar tal premisa sin una demostración es aceptar ser culpables de algo no demostrado, y la culpa es una palanca poderosa y atractiva para quien quiere manipular las mentes de otros."
-- Yo.

jueves, febrero 04, 2016

El rey desnudo

¿Va el rey sin ropa? Ilustración original del siglo XIX. Fuente: Wikipedia
“Parece que el rey va sin ropa”. Esa es la observación que un niño pequeño hace en el clímax del cuento de Hans Christian Andersen “El traje nuevo del emperador”. Es una historia fantástica donde trajes invisibles y mágicos podrían existir, pero una serie de personajes parecen fracasar miserablemente en mostrar una dosis mínima de escepticismo. Ahora en un universo donde la magia capaz de crear trajes mágicos y cualquier otro tipo de portentos si existiese ¿se justifica echar mano al escepticismo? Y ¿qué tipo de escepticismo serviría en un mundo donde la magia sobrenatural sí existiera? En este artículo veremos cómo ser escéptico es una actitud racional que en todos los posibles universos es útil. Además se mostrará una herramienta que ayuda a diferenciar la fantasía de la realidad.

Un traje muy novedoso

La historia de Andersen “El traje nuevo del emperador” ocurre en un reino donde su rey acostumbra gastar toda su riqueza en ropa nueva. Al parecer tal despilfarro no preocupaba a su pueblo, que se encontraba feliz en tal estado de las cosas. El narrador omnisciente de la historia nos cuenta como llegan al reino dos estafadores haciéndose pasar por tejedores que ofrecen al rey la “más bella tela del mundo” con una mágica capacidad: ser invisible para quienes sean tontos o incompetentes en su cargo. Tal propiedad atrae al rey, quien de inmediato les entrega una enorme suma para comenzar a trabajar en tal tela.

Los estafadores fingían trabajar sin descanso, pidiendo cada vez más oro y sedas finas. El rey envía a su ministro de más confianza a revisar el estado de avance de la tela. Su mejor ministro, sin ninguna sorpresa, no pudo ver la tela: los estafadores le mostraban con pantomimas la inexistente tela, pero el ministro prefirió ocultar su incapacidad de ver la tela, so pena de quedar expuesto como un tonto o incompetente. Por ello se derritió en elogios ante la belleza de la inexistente tela. Lo mismo hizo un segundo enviado. Finalmente el propio rey concurre, acompañado de todo un séquito, quedando pasmado pues, sin ninguna sorpresa, tampoco vio nada. Pero el rey también prefirió seguir la charada, elogiando lo espléndido de la tela con tal de evitar quedar de tonto o incompetente ante sus súbditos. Así la tela fue “terminada” y siguiendo el consejo de sus asesores, el rey decidió lucir su traje en un desfile real esperado por todos los habitantes del reino, que ya estaban enterados de la espléndida tela y sus propiedades mágicas.

Resulta que todo el pueblo se derritió en elogios ante la belleza de la mágica tela que el rey lucía. Obviamente ninguno veía traje alguno, pero nadie quería quedar de tonto o incompetente ante sus vecinos. Excepto un niñito que inocentemente apuntó a lo  obvio: “Me parece que va sin ropa”. De pronto, todos comenzaron a repetir lo que el niño dijo; el rumor creció hasta dar la confianza a todos para reconocer que el rey estaba paseando… desnudo.

El rey finalmente escucho el murmullo general, reconociendo para sí mismo que sin duda ellos tenían razón. Pero decidió terminar digno, siguiendo su desfile hasta el final, luciendo un traje inexistente.

Así termina la historia, con nosotros los lectores riéndonos del pobre y tonto rey, quien fue incapaz de reconocer el engaño, del cual nosotros fuimos alertados por el narrador desde el mismo principio de la historia. Sin duda un narrador (y más uno omnisciente) jamás miente, y cualquier cosa que afirme es un hecho a efectos de tal historia. Así que si la tela no existía, y los tejedores eran unos estafadores, nosotros los lectores no tenemos motivos para dudar de ello.

Pero ¿qué pasaría si nosotros no hubiéramos tenido la ventaja de saber de antemano del engaño y, además, viviéramos en un mundo donde las telas mágicas sí pueden existir? ¿Deberíamos tan confiadamente presumir que todo es un engaño? ¿O tal vez nuestra incapacidad de ver la tela demostraría nuestra incompetencia o estupidez? ¿Cómo diferenciar una cosa de la otra, telas mágicas invisibles pero reales, de un invisible engaño?

Escepticismo en un mundo mágico

Hay pocas dudas de que telas mágicas parecen no existir en nuestro mundo actual. Pero sería sin duda muy interesante vivir en un mundo donde la magia sobrenatural existiera y fuera cosa habitual.

Pocos rechazarían la idea de tener  la capacidad de manipular la realidad con sólo agitar una varita y lanzar el hechizo correcto, un mundo donde se pueda tener el poder de volar, transportarse a lugares remotos en un tris, hacer flotar, aparecer y desaparecer cosas, y realizar todo tipo de “violaciones” de las leyes físicas habituales a nuestra propia conveniencia. Es decir, vivir en un mundo del estilo “Harry Potter”, un lugar donde existen telas capaces de hacer invisibles a sus dueños ¿Por qué no sería posible que en ese tipo de universos una tela que se hace condicionalmente invisible a sí misma, como en el cuento del rey de Andersen?

Sin embargo, incluso en el mágico mundo de Harry Potter sabemos que pueden ocurrir engaños. En el segundo libro de la saga, “Harry Potter y la Cámara Secreta”, Gilderoy Lockhart es un renombrado mago, escritor y experto en magia que resulta ser un charlatán ya que, a pesar de ser mago, resulta que no tiene las capacidades de las que se ufanaba en los libros que ha escrito, sino que ha ido “robando” las hazañas a otros magos muchos más capaces que él. Lockhart en la práctica es un verdadero incompetente que, sin embargo, engaña a otros haciéndose pasar por experto. Es decir, en un universo mágico aún puede haber charlatanes, embusteros, estafadores y ladrones que intentarán engañar a otros haciéndoles creer que tienen poderes y habilidades que realmente no poseen.

Este detalle es en extremo importante. Hoy en día hay muchas personas que creen sinceramente que la magia sobrenatural sí existe y que es totalmente real. Creen en las existencias de diferentes dioses, ángeles y demonios, milagros divinos, seres sobrenaturales, poderes mágicos, poderes extrasensoriales, sanaciones a distancia y todo tipo de portentos. Pero aún si asumiéramos, ingenuamente, que tales cosas son reales, y que existen cultores que logran controlar y poseer tales habilidades, es un hecho que inevitablemente aparecerán charlatanes, timadores y estafadores que también clamarán tener tales poderes pero mienten y, por lo tanto, aún si se asume que tales poderes sí existen o que sí hay personas que los tienen, cabe preguntarse: ¿Cómo se podría distinguir entre un poder, habilidad o efecto mágico real realizado por alguien genuinamente dotado de tales habilidades, versus las acciones de falsas realizadas por un timador o charlatán? Tal pregunta es importante en cualquier mundo, aun en el más mágico imaginable.

Poniendo a prueba una tela mágica

Volviendo al cuento inicial de Andersen, en un mundo mágico es en principio plausible que los estafadores no hubieran sido tal. Ellos efectivamente podrían haber sabido crear una tela mágica como la descrita ya que en tal mundo la magia aparentemente sí existe. También es perfectamente posible que el rey hubiera sido incompetente para el cargo: dilapidar todo su dinero en vestimenta no habla bien de ninguna autoridad. Y si la máxima autoridad puede considerarse incompetente, ¿qué garantía tenemos de que sus mejores hombres, elegidos por esa misma autoridad incompetente, tuvieran más competencia que el potencialmente incompetente rey? Además dado el bajo nivel de honestidad mostrado por toda la corte, de capitán a paje, eso habla bastante mal de la competencia de cada uno de ellos. Luego es al menos posible que la gran mayoría hubiera sido incompetente para su cargo, o incluso tonta. Simplemente cada uno de ellos podrían ser ejemplos perfectos del principio de Peter: “En una jerarquía, toda persona tiende a ascender hasta alcanzar su nivel óptimo de incompetencia”.

Con ello, si no contáramos con un narrador que nos advierta una y otra vez que los tejedores son unos estafadores ¿podríamos saber que lo son? Y lo más importante ¿Cómo?

Si se tratara simplemente de creer o no creer, no tendríamos cómo distinguir un caso de otro. Y es más, dado que es esperable que los tontos e incompetentes mientan diciendo que ven la tela mágica para no exponer que lo son ¿Cómo podemos distinguir a alguien verdaderamente competente e inteligente que sí ve la tela? Ciertamente, el simple testimonio no sirve.

Sin embargo, acá cabe hacerse una pregunta clave. Si consideramos hipotéticamente posible la existencia de la tela mágica, y que los tejedores pudieran ser competentes en hilarla ¿qué cosas serían diferentes en esa realidad respecto de una realidad alterna donde la tela no es real, no es mágica o bien los tejedores son incompetentes y/o estafadores? ¿Cómo se distingue un caso del otro?

Esa es la clave del problema. Para distinguir la realidad de la fantasía, la verdad de la mentira, es necesario encontrar alguna grieta, algún detalle, alguna observación que podamos de antemano saber que debe resultar de una forma de ser real y verdadera, y debe resultar de una forma totalmente diferente si es imaginaria y falsa. Determinar cuál es tal observación y llevarla a cabo es la clave para determinar la verdad de cualquier afirmación acerca de la realidad, incluidas las “mágicas”.

Luego, la forma de comprobar una realidad de otra es determinar una prueba que en el primer caso se pueda pasar con éxito más allá del azar, pero que sea imposible de pasar en el segundo caso. Si se diseña tal tipo de prueba, y se lleva a la práctica, el resultado nos dirá si nuestra hipótesis puede ser cierta, o si debemos descartarla. En cambio, si una prueba arroja un resultado similar en cualquiera de los dos casos (como cuando tanto competentes como incompetentes dicen ver una maravillosa tela), tal prueba no nos dice nada respecto de la veracidad o falsedad de la hipótesis.

En el caso de la tela mágica, sabemos que sí es visible (hipotéticamente) para los competentes e inteligentes. El problema es que no podemos confirmar tal cosa por simple testimonio de quien dice verla porque no podemos saber fácilmente si está mintiendo ¡No sabemos ni siquiera si los propios tejedores pueden realmente verla! Podría ser que la tela sí exista, pero que tales tejedores solo tengan un trozo de ella, pero que por incompetentes no pueden tejer más de ella tampoco. Entonces, la clave es “ver” ¿Cómo saber si alguien realmente ve la tela? Para ello podemos echar mano de una prueba ciega y de estadísticas.

Poniendo a prueba la magia

La realidad de la tela mágica puede ponerse a prueba desarrollando un protocolo de prueba que permita aislar y minimizar cualquier interferencia de una causa ajena a un resultado positivo en la prueba (tales como engaños, estafas, otras explicaciones naturales, etc.), y por lo tanto la única forma de tener éxito en ella sea si las hipótesis siendo probadas fueran realmente ciertas.

Lo anterior se podría aplicar generando un protocolo de 7 etapas:

Primero: se le entrega a los tejedores una cantidad de bastidores circulares iguales de unos 50 centímetros de diámetro, por ejemplo 10 de ellos numerados del 1 al 10. Les pedimos que en uno de ellos coloquen la tela mágica invisible estirada, en un segundo bastidor que coloquen una tela de seda normal pero de un color diferente como control (de manera que incluso alguien que sí vea ambas telas pueda diferenciarlas), y que dejen los otros 8 bastidores totalmente vacíos pero con tachuelas como si tuvieran clavada una tela, de manera que un incompetente no pueda distinguir un bastidor vacío del que tiene la tela mágica que no puede ver. Los tejedores no deben decir a nadie cuál es el número del bastidor en que está la tela mágica, pero deben anotarlo en un documento que se pone a resguardo, por ejemplo en un sobre cerrado y lacrado que debe ponerse a buen recaudo antes de la prueba fuera del alcance de nadie que pueda alterar tal registro.

Segundo: se construye un tabique de madera perfectamente opaco que tenga diez orificios circulares de unos 20 cm de diámetro, uno al lado del otro. Por un lado del muro se colocan ganchos que permitan colgar los 10 bastidores apegados al orificio de manera que desde el lado opuesto del muro solo se pueda ver a través del bastidor sin que se pueda ver al bastidor mismo, su número, ni cualquier detalle de éste que permita reconocerlo. Sin embargo la tela o cualquier cosa puesta en el bastidor quedará bloqueando el orificio y será visible desde el lado opuesto del muro. Por el otro lado se colocan identificadores para cada orificio, por ejemplo una letra desde la “A” hasta la “J”.

Tercero: una persona de máxima confianza genera de antemano 10 secuencias de números del 1 al 10, donde cada secuencia coloca los números en un orden aleatorio, sin comunicar cuál será este orden específico a nadie.

Cuarto: se seleccionan una serie de personas con un número considerable como sujetos de prueba, por ejemplo 30 personas. La mitad debe ser competente e inteligente, la otra mitad no. Como los tejedores son quienes mejor conocen a qué tipo de competencia e inteligencia reacciona la tela, son ellos quienes pueden entrevistar a una serie de candidatos, bajo los criterios que ellos mismos estimen apropiados, y sin informar a los sujetos en qué grupo quedaron, los asignen como sujetos válidos para la prueba. En particular es clave que los dos tejedores sean parte de quienes participarán en la prueba como sujetos de prueba del grupo de “inteligentes y competentes”, para que demuestren su propia capacidad de ver la tela
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Quinto: la persona de confianza del tercer paso cuelga cuidadosamente los bastidores frente a los agujeros de acuerdo al orden pre-establecido que él definió y sólo él conoce, para preparar la primera ronda. Nadie más en el proceso de prueba, excepto él, debe saber cuál es ese orden de los bastidores.

Sexto: Se hace pasar a los sujetos de prueba uno por uno, quienes deben observar desde una distancia prudente los 10 agujeros y deben anotar: su identidad, el número de ronda, en qué orificio ven la tela de control, y en qué orificio ven la tela mágica (o, directamente que no ven ninguna). Una vez que anotan su resultado en sobre cerrado, deben abandonar la sala del muro sin comunicar nada al resto de los sujetos que no han aún realizado la ronda, por ejemplo llevándolos a una habitación diferente a aquella donde espera el resto de los sujetos de prueba, hasta terminar la ronda.

Séptimo: una vez que todos los sujetos pasan frente al muro en la ronda, la persona de confianza del paso 3 reordena los bastidores de acuerdo al paso quinto según el orden aleatorio de la siguiente ronda, y se inicia el paso de cada sujeto de prueba de acuerdo al protocolo del paso quinto, repitiendo el procedimiento para cada una de las 10 rondas.

Una vez realizadas las 10 rondas de prueba, terminaremos con 3 sets de datos:
  1. El número del bastidor donde está la tela mágica.
  2. El orden en los que se dispusieron los bastidores para cada ronda de prueba.
  3. Las respuestas de cada sujeto a cada ronda.

En este protocolo experimental, debiéramos encontrar que:
  1. Todos los sujetos vieron correctamente la tela de control en uno de los agujeros, sin errores.
  2. Ciertos sujetos no son capaces de ver la tela mágica, y por lo tanto habrán marcado la tela mágica (si es que mintieron) en alguno de los 9 agujeros restantes, pero como no la ven, habrán acertado sólo por azar, con 1 posibilidad en 9 en cada ronda. En 10 rondas, es esperable que tales sujetos acierten 1 a 2 veces a la ubicación del bastidor de la tela mágica.
  3. Ciertos sujetos sí ven la tela mágica, y por lo tanto habrán marcado la tela mágica acertando su ubicación tantas veces como acertaron a la ubicación de la tela de control, pues podían ver la tela mágica tan bien como la de control.

En la eventualidad que la tela mágica existiese, y efectivamente tiene las propiedades que los tejedores dicen, habría un grupo de sujetos en el caso 3 con mínimo de 2 miembros: los tejedores. Tal grupo sí habrá pasado la prueba. Eso nos daría buenas razones para considerar la tela y sus propiedades como reales.

Por otro lado si nadie, incluidos los propios tejedores, logra pasar la prueba (es decir, si todos tuvieran una cantidad de aciertos comparable a la del resto de los ciegos incompetentes del caso 2), tendríamos buenas razones para considerar que o también son incompetentes, o simplemente la tela no existe.

Ahora, ¿es posible que cualquiera de los sujetos de prueba haya respondido por azar la posición de la tela mágica en forma correcta en las 10 rondas? Con 10 orificios, y una tela real de control siempre visible en al menos uno de ellos, quedan 9 agujeros donde cualquiera puede intentar asignar al azar cuál tiene la tela mágica. La probabilidad de responder al azar correctamente un intento es de 1 sobre 9, es decir un 11.1%, lo cual si hubiera una única ronda y 10 sujetos, es esperable que al menos uno de ellos acierte puramente por azar aun si es completamente ciego a la tela mágica.

Pero si se repite la prueba otras 9 veces, la probabilidad de que un individuo acierte las 10 rondas por azar es de 1/9 elevado a 10, equivalente a 1 posibilidad entre 3.486.784.401. Una entre tres mil cuatrocientos millones, por lo que si la prueba es realizada intentando evitar cualquier trampa, las posibilidades de que por error se considere que la tela mágica es real por casualidad son virtualmente nulas.

Demás está decir que si el rey de la historia hubiera tenido asesores y ministros matemáticamente letrados, y hubiera exigido que tales tejedores hubieran demostrado tanto su tela y sus propiedades como su propia competencia con un mecanismo como el descrito, hubiera sido muy poco probable que el rey hubiera terminado desfilando desnudo por la ciudad…

¿Magia o engaño?

Ahora si Ud., paciente lector, ha llegado hasta este punto, puede pensar que una prueba así de elaborada podría funcionar para poner a prueba la existencia de telas mágicas, pero con otras cosas mágicas de cualquier otra naturaleza ¿qué?.

Es cierto: cada afirmación sobrenatural, de ser cierta, tendría sus propias propiedades sobre la realidad, y de ser falsa, la realidad debería comportarse diferente en alguna forma respecto al primer caso de alguna forma distinguible. He ahí el desafío que cada persona que quiera saber si lo que cree o proponen es cierto, debiera pensar para poder evaluar la veracidad de la proposición.

Por ejemplo:
  • ¿Sanaciones milagrosas?: independientemente del mecanismo con el cual se gatilla la sanación milagrosa (oraciones, rituales, sacrificios, etc.), si el milagro existe, debiera verse que estadísticamente la tasa de sanaciones (exitosas) entre quienes recurren al milagro es notoriamente más alta que entre quienes no. No se requeriría que tal procedimiento sea 100% efectivo en todos los casos, pero la diferencia entre ambos grupos debiera ser totalmente notoria. Si ese no es el caso, y las tasas son equivalentes entre quienes recurren al milagro y quienes no, es una buena razón para considerar tal tipo de milagro como inexistente.
  • ¿Divinidades personales?: muchas personas aseguran estar en contacto con diversas divinidades, las que por revelación divina comunican a sus fieles y creyentes sus opiniones y designios sobre la vida humana, sus doctrinas y sus dogmas. Si esto fuera cierto, independientemente de que hayan otras religiones (¿equivocadas?) que creen y adoran a dioses inexistentes, debiera haber al menos una religión donde todos sus fieles estuvieran totalmente de acuerdo en todo punto doctrinal, pues cuando hubiera cualquier disputa, duda o desacuerdo respecto de cuál es la postura correcta (a ojos de su divinidad) en cualquier situación, ya sea nueva o antigua, en vez de producirse peleas, debates teológicos, excomuniones o cismas o incluso guerras religiosas, en realidad los creyentes de esa religión consultarían (en forma personal) a su divinidad respecto de cuál es su opinión y la respuesta a ese dilema, y todos ellos obtendrían una misma única respuesta (en forma independiente), sin coacción, influencia o adoctrinamiento humano. Si ese no fuera el caso, esperaríamos ver numerosas sectas que se dividen en numerosos detalles doctrinales, y cada uno de ellos aduciría ser los que realmente siguen la voluntad divina, por revelación, en abierta contradicción de unos con otros.
  • Existencia de fantasmas: si al morir, aunque sea una fracción de los seres humanos permaneciera en la tierra en una forma consciente pero incorpórea en calidad de fantasma, veríamos muchos casos de asesinatos, herencias o discusiones respecto de la voluntad del fallecido donde el fantasma de la persona aportaría información vital para resolver el caso. En el caso de asesinatos, el fantasma, al tener acceso a sus recuerdos e incluso ser testigo directo de su propia muerte, podría aportar detalles tales como la ubicación exacta de su cadáver, del arma homicida, la identidad o descripción precisa del asesino, de manera que habrían múltiples casos policiales resueltos en forma precisa, rápida y aplastante por… la cooperación del muerto. Pero si los fantasmas no existen, nunca veríamos tal tipo de información venir de los supuestos fantasmas o sus espíritus, y cualquier comunicación con tales entes sería de tipo vago e inexacto.
  • Poderes paranormales: si poderes paranormales como la precognición, telepatía o telekinesis existieran y fueran una capacidad de rara ocurrencia pero factible para los seres humanos, en una población mundial de miles de millones como la actual, debiera haber una cantidad importante de seres humanos que en forma innata hubieran desarrollado tales capacidades desde pequeños y además un número de ellos sin duda podría usar tales habilidades para fines negativos, para sacar provecho ilegal de su habilidad. Si ese fuera el caso, deberíamos observar numerosos casos de personas que desbancaron exitosamente casinos, ganaron la lotería un sinnúmero de veces (con estadísticamente pocos intentos para lograrlo), serían unos genios inexplicables en las inversiones bursátiles, y un largo etc. Si no fuera el caso, veríamos nulos ejemplos de personas así.

¿Puede imaginar otras afirmaciones mágicas de la realidad habituales? ¿Puede imaginar cómo debería definitivamente ser la realidad si de verdad ese fuera el caso? ¿Es eso lo que observamos realmente en el día a día? Ese simple criterio podría dar muy buenas pistas para saber si estamos viendo realmente a un rey desnudo, o realmente los incompetentes y tontos somos... nosotros.

Referencias: