miércoles, julio 09, 2014

Videos para "explotar" el cerebro - cristianismo histórico y sus orígenes

Encontré un notable canal de YouTube: HamboneProductions.

Este canal tiene los registros de presentaciones en diferentes eventos de Skepticon, en particular de dos personas que han investigado en profundidad el tema de la religión cristiana y sus orígenes: los historiadores Richard Carrier y David Fitzgerald, ambos investigadores y autores de diversos libros del tema (acá y acá).

El único contra: los videos están en inglés :-( Pero, sí Ud. entiende inglés, y quiere desafiar lo que conoce del cristianismo y sus orígenes, el escuchar las sendas presentaciones de estos personajes es un "must have". 

Por ejemplo, esta presentación de David Fitzgerald, "Examining the Existence of the Historical Jesus" (basado en su libro "Nailed: Ten Christian Myths That Show Jesus Never Existed at All"), que es "eye opening" en cuanto al peso y la calidad de la información presentada, pero al mismo tiempo muy entretenida y divertida por la forma de exponer de Fitzgerald:


Enjoy!



miércoles, mayo 28, 2014

Divagaciones respecto de la amistad

Hoy en un intercambio de correo privado, saltó el tema de los amigos y la amistad. Alguien lo definió como una "relación afectiva" entre personas. A esa definión, me nació divagar algunas ideas, que creo que vale la pena difundir en forma un poco más amplia... egocéntricamente citándome a mí mismo:

"[...] estoy de acuerdo que [la amistad] se trata de una relación afectiva, pero tomo afectivo como de afecto = emociones.
Y eso implica que para mí un amigo es alguien por el cual sé que tenemos una relación personal donde hay más que circunstancias, sino que hay emociones positivas y preocupación por el otró más allá de lo circunstancial. Por ejemplo, alguien con quien pasas tiempo o dedicas tiempo para compartir más allá de las circunstancias como que te toca compartir actividades con él/ella "por accidente".
Por ejemplo, te puedes juntar todos los días con tus colegas a almorzar, y pasar un buen rato con ellos (de hecho, ¡pasamos más horas con ellos que con nuestra familia!), pero llegado el momento, si cada uno hace hace "calabaza-calabaza", no consideraría tal relación de una verdadera y profunda amistad; es más, te cambias de trabajo y probablemente nunca más sepas de ellos y viceversa; en cambio, un "colega" con el cual te juntas los fines de semana para lo que sea con alguna frecuencia (desde ver un partido de futbol a compartir un asado), que invitas a tu casa o te invita a la suya para compartir, que te llama para saber como estás si faltas al trabajo, que se preocupa de tí y tu familia más allá de lo "laboral" si algo te pasa, y que está dispuesto a ayudarte aún sin que se lo pidas si es que estás en problemas (y viceversa), con esa persona tendría esa carga "emocional" o afectiva para poder considerarlo un "amigo".
De lo contrario, podemos conocer mucha gente con las que tenemos una relación afable, amistosa y no tengo nada contra ello, pero no sé si se pueda realmente considerarlos amigos en todo el sentido de la palabra.
Y no es que esas personas que conocemos sean malas personas o no merezcan ser nuestros amigos, pero considero que tal vez simplemente ninguna de las dos partes han (o hemos) dedicado tiempo para cultivar una relación personal más allá de las circunstancias como para realmente forjar una amistad más profunda y duradera."
Sigh. ¡Qué complicado es ser adulto, lleno de responsabilidades, con poco tiempo para todo, y espacios libres para nada! Incluyendo para poder cultivar una amistad con viejos y nuevos amigos. No sé si este será un mal de la modernidad, o en realidad todos nuestros ancestros, llegada la adultes, sufrieron este problema...

Así que, si algún amigo mío lee esto, mis más sinceras disculpas por estar tan atrapado en la vida diaria como para poder seguir forjando la amistad que quisiera con muchos de Uds. Pero si hay una oportunidad, espero que la aprovechemos :D.

miércoles, marzo 12, 2014

Detectando lo sobrenatural

Escribí este artículo para la Asociación Escéptica de Chile (AECH), y fue publicado el 11 de marzo de 2014. Pero lo dejo acá para quienes no conocen el sitio de AECH pues, como su autor, considero que aporta un punto de vista poco conocido respecto de los alcances de la ciencia.

Espero lo disfruten.

Detectando lo sobrenatural


App para tu iPhone para detectar fantamas.
Porque uno nunca sabe... Fuente: appszoom.com
¿Ha escuchado o leído este tipo de respuestas alguna vez, parafraseadas de diversas maneras? ¿Ha sido Ud. quien las ha emitido hacia alguien que no "cree"?

“Es que tú solo quieres ver cosas lógicas, pero hay cosas más allá,
que nunca verás solo usando la lógica. Yo las veo con mi corazón
y sé que es cierto…”

“La ciencia solamente ve y puede demostrar cosas del mundo material; pero
lo que yo te digo está más allá de lo material, es espiritual; por eso no me
pidas una demostración científica, estamos hablando de fe…”

“Es que cuando abras tu corazón, podrás ver la evidencia que me pides, y
entonces entenderás; ¡eres un cerrado de mente!”

Pues, en cualquiera de los dos casos, bienvenido al universo escéptico.

domingo, marzo 09, 2014

Mi camino al ateísmo – Parte II

Este es un artículo es parte de una serie donde quiero relatar las razones que me llevaron a adoptar lo que creo (y no creo) hoy. Puede ver la primera parte en este enlace.

Convertirse en ateo no es un proceso simple ni instantáneo. Requiere abandonar muchas creencias enraizadas desde la niñez. Es posible que ocurran “epifanías ateas” en que algo haga “click” en la cabeza del creyente y simplemente se convierta en  ateo. Pero tal cosa es sin duda excepcional. En la realidad se requiere mucho tiempo de dudas, de investigación, de cuestionar las cosas, de intentar encontrarles sentido, hasta que tales momentos llegan, y las creencias religiosas se van apagando una a una hasta la irrelevancia.

Al comienzo de mi adolescencia, cerca de los 12 años, tuve una experiencia que si bien no fue definitiva, aportó semillas a esas dudas. Fui invitado y participé en un campamento de verano del Ejército de Salvación (en adelante, ES). Una profesora que me quería mucho me contactó para avisarme de una oportunidad para participar junto con otros muchachos de mi escuela en ese campamento, en un complejo del ES ubicado cerca de Angostura, al sur de Santiago. La idea no sonaba mal, y mis padres aceptaron. No recuerdo porqué, pero algo tenía que hacer que hizo que no pudiera tomar el bus junto con todo el grupo, así que esa misma profesora me llevó al lugar en su automóvil.

Cada semana, un grupo de niños (o niñas, pero no mixto) llegaba al centro, donde monitores y gente del ES organizaban todo para tener una entretenida semana de alianzas, actividades y diversión. El centro tenía una gran piscina olímpica, canchas de futbol, multi-canchas, mucho espacio, y tenían todo planeado para realizar muchas actividades, campeonatos entre alianzas, etc. Hasta el día de hoy ese recinto se sigue usando igual.

Cuando dije “todo para tener una entretenida semana”, siendo el ES el organizador, incluyó obviamente actividades religiosas. Cada día en distintas instancias nos hablaban de Cristo, de Dios, de su amor, etc. Como yo ya había pasado por el ritual católico de la primera comunión (con sus 2 años de “clases” de catecismo), más interminables horas de misa católica, tal actividad no me sorprendió o chocó. Pero como un adolescente católico aún no sabía lo suficiente como para darme cuenta que las doctrinas del ES eran protestantes y no católicas.

En todas esas actividades participaban diferentes personas, pastores y gente del ES. En particular nos presentaron a una mujer que actuaba como “monja” del ES, aunque no recibía ese título, nos dijeron simplemente que era una “hermana”, cuyo nombre no recuerdo. Vestía un traje gris, con un tocado gris en la cabeza, y era muy amable. Y como en esas charlas hablaban de la salvación, de aceptar a Cristo, del amor de Dios, ella era clave en orientarnos, y en responder nuestras preguntas.

Y yo tenía varias, que comenzaron a hacer corto-circuito en mi cabeza. Tiempo antes había llegado a mis manos una biblia de corte protestante, la traducción Reina Valera de 1960.

Desde pequeño fui un lector ávido, y cuando llegó a mis manos, hice lo obvio: comencé a leerla desde Génesis 1:1. Muchas historias, desde la creación, el diluvio, el éxodo, simplemente las leía como si fuera historia. Pero había cosas que no cuadraban. Y entonces, estando en un campamento del ES donde me estaban hablando de esos temas a cada rato, esas dudas afloraron. Y pedí a la hermana conversar con ella para hacerle algunas preguntas.

Primero, ya el personaje bíblico de Dios me tenía perplejo. Y dado el gran hincapié en esa semana de que sólo era posible salvarse creyendo en Cristo, la conclusión obvia del odio divino a los no-creyentes, afloró en mi mente. De mis lecturas de la Reina Valera, una escena que me causó extrañeza era el hecho de que en la historia del Éxodo, Moisés fue en repetidas ocasiones a pedir al Faraón que dejara ir a los judíos, y ante su negativa, sendas calamidades ocurrían a Egipto (pero no a los judíos). Pero las negativas del Faraón no eran realmente el propio Faraón hablando desde su propia volición y libre albedrío, sino que Dios forzándolo a decir que no, y luego castigándolo por ello…

Desde el principio Dios mismo decidió “endurecer el corazón del Faraón” (Éxodo 4:21, 7:3). Y plaga tras plaga “el corazón de Faraón se endureció […] tal como Jehová dijo”. Varias de esas frases podrían interpretarse como que el propio Faraón, de malvado y duro de cabeza, rehusaba, pero en ciertos versículos el sentido literal de la intervención “divina” se deja ver, tal como en Éxodo 10:20: “Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel.”, (similar también en Éxodo 10:27).

No hay duda que según la historia bíblica, los egipcios y su Faraón abusaron de los judíos (Éxodo 1:8-14), pero al ver esto, me parecía claro que la tortura de cada plaga no fue necesariamente porque su Faraón se rehusara a liberar a los israelitas, pues aunque quisiera ¡no podía! ¡El propio Dios de Israel se encargaba de “endurecerle el corazón” para que dijera que no! Y eso gatillaba a continuación una nueva plaga…

Y así hasta llegar a la última plaga: la muerte de todos los primogénitos de Egipto. Ante tal desastre (y como padre, imagino el dolor que tal cosa puede causar), finalmente el Faraón decide acceder a liberar a los israelitas: “E hizo [el Faraón] llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí.” (Éxodo 12:31-32).

¡Uf, qué historia!: Millares de primogénitos (¿incluso adultos?), entre ellos muchos niños inocentes, muertos porque Dios decidió artificialmente forzar a alguien a que dijera una y otra vez ¡No!, en contra de su propia voluntad, literalmente alterando y manipulando el “libre-albedrío” del Faraón…

Pero tampoco es el fin de la historia. Dios aún quería jugar más con la mente del Faraón, pues anuncia que él hará nuevamente que al Faraón se le endurezca el corazón para que, aunque el Faraón ya había decido dejar ir a los israelitas, ahora se arrepintiera y los persiguiera (Éxodo 14:2-9)… y luego para entrar en medio de un mar partido en dos para matarlos (Éxodo14:15-18).

Entonces, ¿cómo cuadra un plan de salvación donde Dios, todo amor como acababa de escuchar una y otra vez en ese campamento del ES, en realidad puede literalmente obligarte a hacer cosas malas a la gente en contra su propia voluntad, para luego castigarle por eso? Esa fue mi pregunta a la hermana.

¿Su respuesta? Si no recuerdo mal, fue algo así como que no podemos entender a Dios. Es decir, la famosa frase de “Los caminos de Dios son misteriosos”, al mejor estilo de Isaías 55.

Esa es una respuesta (y excusa) que más de una vez recibiría en el futuro.

Mi segunda pregunta fue respecto de la importancia de recibir a Cristo para ser (realmente) salvo, pues cuando pensé en el discurso de que ese era el “único” camino, me pareció innecesariamente cruel ¿esa es la única forma? ¿Y qué hay de toda la gente que nunca tuvo siquiera la oportunidad de siquiera saber de cristo, ya sea que nació antes que él, o que nació después de él, pero en un lugar tan recóndito como una isla del pacífico hace siglos atrás, antes de conocer a ningún occidental que trajera “el evangelio”?

Cuando le planteé esa duda, la hermana se mostró bastante sorprendida con mi pregunta. Supongo que no era el tipo de cuestionamientos típico de niño de 12 años. Me dijo que en el fondo no había otro camino, y que Dios igual podía mostrarse a alguien en una isla remota, y tal persona llegar a encontrar a Dios. Pero, claramente, eso a mí no me cuadraba: la gente nunca había estado hablando de conocer a un dios Jehová sino únicamente en Israel. Nadie fuera de allí jamás lo descubrió si es que no se lo contaba alguien.

Entonces, mi pregunta natural siguiente fue: ¿Y qué pasa con alguien que fue bueno toda su vida, ayudó al prójimo, hizo buenas acciones, nunca cometió ningún pecado (o lo que hubiéramos calificado de pecado bajo el prisma cristiano), pero que nunca conoció a Cristo, ni lo aceptó, ni nada de eso? ¿No debiera dios salvarlo al menos por el mérito de ser bueno?

La respuesta de la hermana fue categórica: tal persona, si no aceptó a Cristo, no puede ser salva, y estaba condenada al infierno, sin importar cuan buena haya sido.

Así comencé a entender el verdadero  “amor cristiano” de la doctrina "Sola Fide".

Tales respuestas de la hermana del ES estuvieron lejos de dejarme satisfecho, y fueron otro paso que me llevó a dudar, y ahora lo veo como otro grano de arena en ese banco de dudas que a la larga ayudaron a mi desconversión final.

Pero aun en ese instante yo estaba lejos de ser ateo. Si bien ya el catolicismo me estaba desencantando al punto del rechazo, y el dios del antiguo testamento con sus manipulaciones mentales a las personas para castigarlas, y la negativa de Dios de salvar a la gente “buena” por nacer en el lugar y época equivocadas me pareció por lo menos equivocado, comenzaron a minar mi interés en el Dios cristiano “tradicional”. Pero yo seguía pensando y creyendo que había un dios, sólo que no podía ser exactamente el dios pintado por el catolicismo, o por el Antiguo Testamento.

Y eso me llevó a otros pasos en mi búsqueda, mi camino que me llevó al ateísmo, que relataré en futuras entregas.

sábado, febrero 08, 2014

Mi camino al ateísmo – Parte I

El proceso para hoy ser ateo no fue instantáneo, ni sufrí una epifanía atea que me haya convencido de un segundo a otro de ello. Pasar de ser creyente a ateo requirió mucho tiempo, mucha lectura, mucho pensar y sopesar argumentos y razones.

Para entender el proceso, debo indicar algo de autobiografía. Aunque he esbozado el proceso antes, como todo en la vida, es más complicado.

Nací en una familia católica. A la chilena. Me bautizaron siendo un bebé de unos pocos meses, y crecí yendo (o más correctamente, siendo llevado) con cierta regularidad a misa, los domingos. Mi madre me enseño a rezar de pequeño (y hasta hoy se despide de mí con un “que dios te bendiga”), pero en general mis padres no eran fanáticos religiosos. Mi padre incluso calificaría mejor como un católico “observante”.

En ese ambiente familiar, entre los 10 a 12 años, como buen católico fui enviado a catequesis durante dos años, para finalmente realizar la primera comunión. Durante ese tiempo, se nos enseñó las bases del catecismo católico, pero siempre superficial. Siempre explicándonos qué debíamos creer, qué decía la ICAR (Iglesia Católica Apostólica Romana) al respecto, pero nunca explicando porqué tales cosas eran ciertas.

Yo veía como la gente piadosa, incluyendo a mis padres y familiares, se acercaban a comulgar con devoción, como se devolvían a su asiendo, poniéndose de rodillas, con los ojos cerrados, en algún tipo de contacto místico con la divinidad que yo, como niño aún sin poder comulgar, no podía entender ni vivenciar. 

Y la verdad, ¿quién no querría estar en  un contacto íntimo con la divinidad? Así que, en cierta forma, ansiaba el momento.

Y mi momento llegó: la “primera” comunión. Y… lo único que vivencié fue la experiencia de tener una hostia en la boca, ligeramente dulzona, más bien insípida, en la boca. Siguiendo el ritual, volvía a mi asiento, cerraba los ojos, rezaba y… esperaba. Esperaba que pasara algo. Y lo esperé. Una y otra vez.

Se supone que las hostias están consagradas y por lo tanto son, gracias al misterio de la “transubstanciación”, el “verdadero” cuerpo de Cristo, por lo que son lo más cercano que uno puede estar físicamente de Jesús. Pero, por más que rezaba y esperaba, nada ocurría. Nada mágico, místico o sobrenatural jamás aconteció. Sinceramente, me sentí defraudado. Estuve gastando mis domingos durante dos años por algo que parecía fabuloso, pero en la práctica no tenía ninguna gracia. Dios se mantuvo perfectamente ausente y silencioso, incluso cuando comulgaba con toda la devoción que podía yo poner.

Con el tiempo, seguí acompañando a misa a mis padres más que nada por costumbre, comulgando con un buen católico, pero mi mente divagaba, cosa trivial en la típica misa de párense-siéntense-párense-repitan-la-formula-síentense-sermón-eterno-párense que es, en la práctica, una misa católica. Y un día, en pleno sermón, me puse a pensar en… dibujos animados. No recuerdo el sermón, si hablaría del cielo o el infierno, de buenos y malos, pero en mi divagación comencé a recordar una escena clásica de… ¡Tom y Jerry!

Satanás en persona. ¡Pobre Tom!
Recordé que en los dibujos animados de Tom y Jerry, Tom se portaba mal, muy mal, con el pobre Jerry, y a causa de eso, Tom en más de una ocasión terminaba siendo condenado al infierno, el cual consistía en un caldero hirviente en donde caía y era torturado por el diablo en persona, en forma del perro “Spike”, rojo y malvado, quien con un tridente en la mano y una risa demoniaca, punzaba a Tom que desesperado se freía en el caldero. Porque, claro,  ¡eso es el infierno del que siempre me hablaron! Un lugar donde la gente malvada va a ser castigada por toda la eternidad, por no ser… buenos católicos. 

Esta infantil visión del infierno (pues hoy sé que, teológicamente hablando, no es tan así para muchas sectas cristianas), fue una revelación. Una especie de epifanía lógica en pleno sermón de la misa.

Al recordar a Tom en el infierno, me di cuenta de algo: siempre se pintaba a los demonios como “habitantes” del infierno, y que ellos se dedican con malvado disfrute a torturar las almas de los humanos castigados después del juicio final. Pero ¿quién ejecuta tal castigo, torturando por la eternidad? ¿Quién más? ¡Pues los propios demonios!

Incluso Dante Aligieri, en su obra “La Divina Comedia”, coloca a los demonios (ángeles caídos) como “guardias” del Dite, el lugar del infierno que encierra a los pecadores más malvados, también son demonios los que azotan a los castigados del octavo círculo, en la primera bolsa (los seductores), y son demonios los que castigan a los habitantes de la quinta bolsa (estafadores), sumergiéndolos en resina ardiente y pinchándolos con garfios, etc. Claramente Tom había sido un verdadero estafador en ese capítulo:


Y he aquí la revelación que tuve en ese instante: si los demonios estaban castigando a los “malvados”, y se supone que es Dios quien condena y manda al castigo a los malvados… entonces… los demonios no son “malos”, pues simplemente ¡están actuando como testaferros, sirvientes, de las órdenes de Dios! Los demonios no serían más malos que un policía que captura, con violencia si es necesario, a un criminal, o a un gendarme que lo mantiene bajo castigo en una cárcel. Pero ni policías ni gendarmes son malvados, sólo hacen un buen trabajo para la sociedad. De esa misma forma, esos “demonios” haciendo el trabajo sucio de dios, serían ni más ni menos que “buenos” ángeles haciendo ni más ni menos que lo que Dios quiere…

Entonces, para mí nada tuvo sentido: si el Dios al que estábamos rezando en esa misa era bueno, un dios bueno no puede estar “contratando” a los malos, a los demonios, para hacer su trabajo sucio. Eso carece de sentido, pues en realidad transforma a Dios como el verdadero malvado de la historia. ¿Robaste durante tu corta vida en la tierra? ¿Fuiste lujurioso? Entonces Dios te va a castigar ¿eternamente? ¿A través de “sus” demonios? Eso no tiene sentido, pues deja a tal dios como un ser malvado, tanto o más malvados que los malvados a los que está castigando. En la práctica, eterna e infinitamente más malvado.

Supuse que entonces eso no podía ser… y seguí pensando, y entonces, si Dios no usa a los demonios como sirvientes suyos, para hacer su trabajo sucio, alguien tendría que hacerlo, y esos entes tendrían que ser… “ángeles buenos”. O sea, hermosos, luminosos y brillantes ángeles, dedicando su tiempo por la eternidad a… torturar gente.

Tampoco eso tenía sentido.

Y en ese instante, siendo católico, en plena misa, tuve la plena convicción que la historia del infierno que siempre escuche era una idiotez carente de toda lógica, en especial bajo el discurso de un “dios que es todo amor”, y por lo tanto, dejé de creer en tal infierno, el infierno católico. E, internamente, algo se rompió en mí.

Ya nunca más me volvería a sentir realmente católico, ni a creer como antes en el "Dios católico".

Creo que volví a comulgar como católico después de eso, pero a corto plazo dejé de asistir a misa, comulgar, y al final el catolicismo perdió su interés para mí para siempre. Pero no me transformé en ateo ese día. Simplemente, seguía creyendo que sin duda había un dios, pero claramente no podía ser el dios que planteaba el catolicismo.

Así, siendo un adolescente, inicié mi camino hacia el ateísmo, un camino largo y de muchos años, en el cual seguí siendo creyente por mucho tiempo, inclusive exploré otras sectas cristianas con convicción. Pero que finalmente desembocaron en lo que soy hoy. Un ateo-agnóstico, escéptico y amante de la razón y la ciencia.

Al menos mi historia con la ICAR tuvo un final feliz: en julio de 2012 presenté mi carta de renuncia a la iglesia católica, equivalente a realizar la apostasía, y con ello renuncié al bautismo, y ya no soy más católico, y para la iglesia soy formalmente un apóstata que está bajo pena de excomunión. Lo cual es un gran alivio pues ahora no tengo ninguna relación con una organización que en base a una imagen de amor y fraternidad, actúa como una mafia criminal que abusa de los más débiles, los niños.

Pero mi camino no terminó ahí. En siguientes entregas contaré mis encuentros con el movimiento New Age, la Gnosis, y el cristianismo protestante.